LA LEPRA, UNA SOCIEDAD UNIDA A LA POBREZA


 
En el año 1991, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fijó como objetivo la eliminación de la lepra antes del año 2000.
Su erradicación, meta final de la iniciativa, se lograría cuando el número de enfermos fuera inferior a 1 por cada 10.000 habitantes.
Esta tasa de infectados sería lo suficientemente baja como para lograr la disminución del contagio y la desaparición natural de la enfermedad de forma gradual. La meta no se alcanzó, pero en esos 9 años siguientes se logró la curación de 10 millones de personas y la eliminación de la infección en 98 países.
Ahora, la Alianza Mundial para la Eliminación de la Lepra, una iniciativa de dicha Organización, se ha marcado un nuevo objetivo: la erradicación de la enfermedad antes del año 2005.
Con la cifra de curaciones alcanzada en los últimos 10 años, se ha ganado una batalla más en la guerra que diferentes organizaciones de carácter internacional mantienen contra la lepra. Pero, a pesar de ello, cada 45 segundos un ser humano se contagia de lepra, cada día se infectan 2.000, de los cuales 200 son niños, al año se detectan alrededor de 700.000 nuevos casos y el número total de enfermos en el mundo se puede estimar en 7 millones. India, Brasil, Myanmar (Birmania), Vietnam..., y así hasta completar una lista de 24 países endémicos, padecen las consecuencias de este mal. A las lesiones y deformidades que causa la lepra en la persona afectada, se suma el rechazo social por parte de la población no infectada. Este situación de repudio y marginación sigue siendo uno de los mayores obstáculos en el camino hacia la detección precoz y, por lo tanto, no deja opción a que los afectados puedan recibir el tratamiento de cura, descubierto en el año 1987 y que en la actualidad sólo alcanza a 1 de cada 3 enfermos.